Se calcula que el 80% de la “basura tecnológica” que genera el primer mundo se envía a África.

La sangre de los inmigrantes africanos que llegan a Canarias, con independencia de su país de origen, está contaminada por vanadio a niveles desconocidos en occidente y también por trazas de cobalto, arsénico, níquel… Es el rastro de la basura tecnológica que el primer mundo envía a África.

Un reciente informe del Banco Mundial pone de relieve que cualquier instituto de Secundaria del primer mundo tiene más ordenadores de los que pueden reunir todos los hogares juntos de una sola ciudad importante de Sierra Leona o Guinea Bissau.

¿Cómo es posible entonces que las concentraciones en sangre de metales tóxicos presentes en la alta tecnología estén al nivel del mundo rico?

Esta es una de las paradojas que diez investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y el Hospital Insular se propusieron abordar en el estudio que acaban de publicar en la revista Environmental Pollition.

Los autores del trabajo remarcan que los metales examinados en este estudio guardan relación de un modo u otro con componentes de móviles, ordenadores, tabletas, circuitos de electrodomésticos… y están en la sangre de los africanos a niveles comparables a los de cualquier país del primer mundo (con la salvedad del vanadio, hallado en dosis muy superiores), cuando la penetración de esas tecnologías en el continente es muy inferior a la de Norteamérica, la UE o Japón.

Los firmantes del artículo no tienen dudas respecto a qué se debe todo ello: se calcula, dicen, que el 80% de la “basura tecnológica” que genera el primer mundo se envía a África, tanto para abastecer el comercio de estos productos con modelos de segunda mano, muchas veces obsoletos y de vida muy corta, como para nutrir cadenas de reciclaje ” ilegales”.

El trabajo apoya esa afirmación en varios datos estadísticos: los 16 países examinados están entre los más pobres del mundo, pero las concentraciones de esos metales son más altas entre los inmigrantes procedentes de naciones con más PIB, con más teléfonos por 100 habitantes, con más usuarios de internet y, sobre todo, con mayor volumen de importación de dispositivos electrónicos de segunda mano.

Los autores remarcan otro hecho: en África el uso del móvil se ha disparado en los últimos años, tanto en las ciudades como en las zonas rurales, hasta el punto de que muchos estados han alcanzado el paradigma de “un ciudadano, un móvil”. Eso sí, el 97 % de los móviles del continente son de segunda mano.

Por todo ello recomiendan hacer un mayor seguimiento de este tipo de contaminantes, porque “algunos de esos elementos comportan un enorme riesgo, sobre todo para los niños”.